Pocas oraciones católicas han llegado tan lejos con tan pocas palabras. La oración a San Miguel Arcángel es lo bastante corta para aprenderse de una lectura, lo bastante antigua para haber sido rezada tras la Misa por dos o tres generaciones de católicos, y lo bastante concreta para que quien casi no reza la siga sabiendo de memoria. Esto es lo que dice, de dónde viene y qué es y qué no es cierto sobre su origen.
La oración
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.
Fíjate en lo que la oración no hace. No se dirige al demonio, no discute con él, no reclama autoridad alguna sobre él. Todo verbo operativo se dirige a Dios o pide que Miguel actúe con el divino poder. Esa contención es deliberada y explica por qué la oración cabe con naturalidad en la devoción católica ordinaria, y no en el terreno especializado del exorcismo, reservado a sacerdotes con mandato del obispo.
Quién es Miguel en la Escritura
Miguel aparece nombrado cuatro veces en la Biblia, y el retrato es coherente.
En Daniel 10 y 12 es "uno de los primeros príncipes" que acude en ayuda del profeta, y "el gran príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo" — un ángel con un papel protector y colectivo, no solo personal.
En la Carta de Judas, versículo 9, hay una escena extraña y contenida: Miguel, disputando con el diablo por el cuerpo de Moisés, "no se atrevió a pronunciar un juicio injurioso, sino que dijo: 'Que el Señor te reprenda'". Esa línea es la fuente directa del "Reprímale Dios" de la oración. Miguel no vence al diablo en el argumento; remite a Dios.
En Apocalipsis 12, "Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón" y el dragón fue arrojado abajo. Es la escena que el arte occidental pinta casi siempre: armadura, espada o lanza, la serpiente bajo los pies, a veces la balanza del juicio en la otra mano.
Su nombre es en sí una pregunta — Mi-ka-El, "¿Quién como Dios?" — planteada retóricamente, como rechazo de cualquier pretensión rival.
De dónde viene la oración
El Papa León XIII compuso la oración y en 1886 mandó añadirla a las Oraciones Leoninas, un breve conjunto rezado por el sacerdote y el pueblo, en lengua vernácula, al final de la Misa rezada. El contexto original era tan político como espiritual: el papado había perdido los Estados Pontificios en 1870, y las oraciones se ligaban a la "libertad y exaltación de la Santa Madre Iglesia".
Durante casi ochenta años, los católicos corrientes rezaron esta oración tras casi cada Misa de entre semana. Las Oraciones Leoninas se suprimieron en 1964 dentro de las reformas litúrgicas — por eso la oración se saltó una generación, y por eso mucha gente la aprendió de sus abuelos y no en la parroquia. En las últimas décadas, numerosas parroquias y diócesis la han restaurado voluntariamente tras la Misa, y Juan Pablo II alentó su uso privado en 1994.
Sobre aquella visión
Se lee con frecuencia que León XIII escribió la oración justo después de desplomarse junto al altar, tras oír una conversación entre Cristo y Satanás en la que se concedía a este un siglo para probar a la Iglesia. Es una historia impactante. También está sin verificar.
El relato no aparece en ningún documento contemporáneo de 1886. Surge décadas después, en varias versiones incompatibles entre sí, algunas de las cuales cambian el año o la sala del episodio. Los historiadores que han buscado una fuente primaria no la han encontrado. La postura honesta es la modesta: la oración está documentada, la visión no. Nada del valor de la oración depende de la leyenda, y repetir la leyenda como hecho cuesta una credibilidad que la oración no necesita.
Cómo se usa la oración
- Después de la Misa. El uso más común — recitada de rodillas o de pie con la asamblea, terminada la liturgia.
- Al final del Rosario. Muchos la añaden tras la Salve, sobre todo donde ya se acostumbran las oraciones de Fátima. Si estás aprendiendo, nuestra guía paso a paso muestra dónde encaja.
- En un umbral. Hay quien la reza al entrar en un hospital, un juzgado, una reunión difícil, o en la puerta de casa al final de un mal día.
- Por la mañana. Junto con la oración al Ángel de la Guarda, son treinta segundos para empezar el día; ver qué enseña realmente la Iglesia sobre los ángeles custodios.
Existe además la Coronilla de San Miguel, devoción más larga de nueve saludos, uno por cada coro de ángeles, seguido cada uno de un Padrenuestro y tres Avemarías. Se reza en una coronilla propia y es el paso natural para quien quiere más que la oración breve.
29 de septiembre
El 29 de septiembre era históricamente la fiesta de la dedicación de una basílica romana de San Miguel. En la revisión del calendario de 1969 pasó a ser una única fiesta de los tres arcángeles nombrados en la Escritura: Miguel, Gabriel y Rafael. En inglés el día dio nombre al Michaelmas — jornada en que se pagaban rentas y comenzaban los cursos, razón por la cual algunas universidades siguen llamando Michaelmas term al trimestre de otoño.
Es el día natural para aprender la oración si aún no la sabes. Lleva alrededor de un minuto, y ha conservado su lugar en la vida católica durante siglo y medio gracias a una frase contenida: Reprímale Dios.



