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9 min de lectura · 20 de septiembre de 2026

La Novena al Sagrado Corazón del Padre Pío — Texto y Cómo Rezarla

La novena al Sagrado Corazón asociada al Padre Pío: el texto completo tal como suele imprimirse, qué puede decirse con honestidad sobre su atribución, las demás oraciones que llevan su nombre y cómo rezar los nueve días.

La Novena al Sagrado Corazón del Padre Pío — Texto y Cómo Rezarla

El Padre Pío pasó cincuenta años respondiendo cartas. Llegaban a San Giovanni Rotondo a sacos: niños enfermos, matrimonios rotos, hombres que habían dejado de creer, madres que pedían oración por un hijo en la guerra. No podía responderlas todas, y no fingía lo contrario. Lo que hacía, según los frailes que convivieron con él y los relatos reunidos en el convento, era llevar aquellas intenciones dentro de una oración que repetía a diario: una novena al Sagrado Corazón de Jesús.

Esa novena sigue circulando con su nombre. Es breve, está hecha por entero de palabras que Cristo pronuncia en los Evangelios y se reza en unos cinco minutos. Esto es lo que dice realmente, lo que se sabe con honestidad sobre cómo quedó unida a él, y cuáles son las demás oraciones asociadas a su nombre.

Dos cosas distintas se llaman "novena del Padre Pío"

Conviene separarlas desde el principio, porque los sitios de devoción las mezclan sin cesar.

La primera es la novena que el Padre Pío rezaba, la de este artículo. Está dirigida al Sagrado Corazón de Jesús. El Padre Pío no es su destinatario: es, por así decirlo, un suplicante más.

La segunda es una novena al Padre Pío, en la que se le pide que interceda. Esos textos se escribieron después de su beatificación, en 1999, y de su canonización por Juan Pablo II, en 2002, y son perfectamente legítimos: pedir a un santo que rece con nosotros y por nosotros es justamente lo que significa intercesión. Pero no es la misma oración, ni es la que él rezaba.

Si la forma misma te resulta nueva, nuestra explicación de qué es una novena recorre la estructura de los nueve días y su raíz en el Cenáculo, entre la Ascensión y Pentecostés.

La estructura

La novena tiene una forma poco habitual. La mayoría son una oración compuesta que se repite nueve días. Esta son tres frases del Evangelio, cada una devuelta a Cristo en forma de petición y seguida de las tres oraciones que todo católico ya se sabe.

Día tras día, la misma secuencia:

  1. Una frase de Cristo, citada de vuelta a Él, seguida de la intención.
  2. Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
  3. La invocación: Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.

Eso tres veces, una por cada frase. Luego la novena se cierra con una sola oración al Sagrado Corazón.

El texto, tal como suele imprimirse

Primera:

Oh Jesús mío, Tú has dicho: "En verdad os digo: pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá." He aquí que llamo, busco y pido la gracia de… (di tu intención)

Padrenuestro. Avemaría. Gloria. Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.

Segunda:

Oh Jesús mío, Tú has dicho: "En verdad os digo: todo cuanto pidáis al Padre en mi nombre, Él os lo concederá." He aquí que, en tu nombre, pido al Padre la gracia de… (di tu intención)

Padrenuestro. Avemaría. Gloria. Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.

Tercera:

Oh Jesús mío, Tú has dicho: "En verdad os digo: el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán." Alentado por tus palabras infalibles, pido ahora la gracia de… (di tu intención)

Padrenuestro. Avemaría. Gloria. Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.

Oración final:

Oh Sagrado Corazón de Jesús, a quien le es imposible no compadecerse de los afligidos, ten piedad de nosotros, pobres pecadores, y concédenos la gracia que te pedimos, por el Corazón Doloroso e Inmaculado de María, tu tierna Madre y nuestra.

Las tres frases proceden de Mateo 7,7; Juan 16,23; y Mateo 24,35 (repetida en Marcos 13,31 y Lucas 21,33). La redacción varía algo de una estampa a otra, porque varían las traducciones; ninguna variante cambia el sentido.

Qué puede decirse con honestidad sobre la atribución

Esta parte merece cuidado, porque la edición devocional suele tratarla con descuido.

No hay indicios de que el Padre Pío compusiera esta novena. Su materia prima es Escritura, y la oración final al Sagrado Corazón pertenece a una tradición devocional muy anterior a él: la devoción al Sagrado Corazón se difundió en la Iglesia a partir de las revelaciones del siglo XVII a Santa Margarita María de Alacoque, en Paray-le-Monial, y oraciones de este tipo circulaban ya ampliamente en el siglo XIX.

Lo que se repite de forma constante, en su convento y en las recopilaciones de sus consejos, es que el Padre Pío rezaba esta novena todos los días, por cuantos se encomendaban a sus oraciones. De ahí viene el nombre: no autoría, sino costumbre. Es la oración con la que, según se relata, cargaba las necesidades ajenas.

Cuánto peso tiene eso es una pregunta justa. Los relatos son devocionales, no archivísticos: no existe una página de cuaderno fechada que fije cuándo empezó. Comparada, por ejemplo, con los estigmas —donde hay médicos con nombre e informes firmados, que repasamos en el expediente médico de las llagas del Padre Pío—, la documentación aquí es mucho más delgada. El resumen honesto es el modesto: ampliamente y de manera constante atribuida a él, no compuesta por él y no verificable en una fecha concreta. Nada del valor de la oración depende de resolverlo, e hinchar la afirmación solo invita al escepticismo que la oración no necesita.

Las demás oraciones que llevan su nombre

"Quédate conmigo, Señor." Una larga oración de acción de gracias después de la Comunión —Quédate conmigo, Señor, porque necesito tenerte presente para no olvidarte— se imprime casi en todas partes bajo el nombre del Padre Pío. Expresa exactamente la devoción eucarística sobre la que construyó su vida. Su procedencia textual, sin embargo, es tradicional y no documentada: conviene rezarla como oración de su tradición, no como un escrito que pueda rastrearse hasta su mano.

"Reza, espera y no te preocupes." Prega, spera e non ti agitare es la frase que más repiten quienes lo trataron y la que aparece por todas partes en las recopilaciones de sus consejos. Es consejo, no fórmula, y resume bien lo que decía a quien ya había puesto una intención delante de Dios y seguía inquieto.

El Rosario. El apego del Padre Pío al Rosario lo atestiguan todos los que vivieron con él; lo llamaba el arma y rara vez se le veía sin las cuentas en la mano. Las cifras de rosarios diarios que circulan varían enormemente y ninguna es fiable: trata los números como folclore y la costumbre como hecho.

La confesión y la Misa. Las dos prácticas que de verdad consumían sus días eran confesar —diez o doce horas seguidas— y celebrar la Misa con calma. Cualquier devoción a él que se salte esas dos está perdiendo el centro de gravedad.

Cómo rezar los nueve días

Elige una intención clara y mantenla los nueve días; los huecos del texto están para llenarlos con algo concreto. Fija una hora que puedas cumplir —primera hora de la mañana o el final del día son las habituales— y reza las tres frases, los tres grupos de oraciones y la oración final. Son cinco minutos.

Si pierdes un día, continúa en lugar de empezar de nuevo. La disciplina existe para formar a quien reza, no para ser una serie intacta que un descuido anula.

Muchos terminan la novena el 23 de septiembre, fiesta de San Pío de Pietrelcina —el día en que murió, en 1968, tras llevar los estigmas desde 1918—, lo que supone empezar el 15 de septiembre. Otros la ajustan a la fiesta del Sagrado Corazón, el viernes después de la octava del Corpus Christi. Ninguna de las dos es obligatoria: sirven cualesquiera nueve días seguidos.

Más sobre su vida, narrada e ilustrada, está en la serie sobre el Padre Pío.

Lo que la novena no promete

No es un mecanismo. Nueve días no obligan a Dios, y la Iglesia nunca ha enseñado que lo hagan. Las tres frases del Evangelio son promesas de que el Padre escucha lo que se pide en nombre de Cristo, lo cual no equivale a garantizar que aquello exacto que has nombrado llegará con la forma que imaginabas. Quien te diga lo contrario te está vendiendo algo.

Lo que hacen los nueve días es mantener una necesidad delante de ti el tiempo suficiente para cambiar el modo en que la llevas. Esa es toda la lógica de una novena, y por eso el Padre Pío, que recibía más peticiones de las que ningún hombre podría cargar, las respondía rezando lo mismo, breve, cada día, durante cincuenta años.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es la novena del Padre Pío al Sagrado Corazón?+

Es una novena de nueve días construida sobre tres frases de Cristo en los Evangelios — pedid y recibiréis; todo cuanto pidáis al Padre en mi nombre; el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán —, cada una seguida de un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, y cerrada con una oración al Sagrado Corazón que pide misericordia por el Corazón de María.

¿Escribió el Padre Pío esta novena?+

No hay indicios de que la compusiera. Las frases son Evangelio y la oración final pertenece a la tradición devocional del Sagrado Corazón, muy anterior a él. Lo que se repite de forma constante es que el Padre Pío rezaba esta novena cada día por cuantos le pedían oraciones; de ahí el nombre.

¿Cuál es el mejor momento para rezarla?+

Cualquier serie de nueve días seguidos. Muchos la terminan el 23 de septiembre, fiesta de San Pío de Pietrelcina, o en la fiesta del Sagrado Corazón, el viernes después de la octava del Corpus Christi. La fecha importa mucho menos que cumplir los nueve días.

¿Es lo mismo que una novena al Padre Pío?+

No, y se confunden con frecuencia. La novena descrita aquí es una que el propio Padre Pío rezaba, dirigida al Sagrado Corazón de Jesús. Una novena al Padre Pío es otra oración, escrita después de su canonización en 2002, que pide su intercesión ante Dios.